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Cuál es el futuro de la diplomacia global

De cómo las relaciones internacionales están cambiando a mucha velocidad frente a nuestros ojos

Hans Morgenthau escribió: “Las relaciones internacionales son algo que no debe darse por sentado, sino más bien algo que debe entenderse y modificarse y, más concretamente, modificarse más allá de los límites actuales de su estructura política y organización. Y es aquí, de hecho, donde radica la máxima justificación teórica y práctica de nuestro interés por una teoría de las relaciones internacionales” y es porque en el ámbito actual de las relaciones internacionales existen varios marcos generales que intentan dominar su funcionamiento y, en distinto grado, contribuir a los esfuerzos para avanzar más allá de los límites aparentes del sistema vigente.

Los diplomáticos de carrera en Washington están cada vez más marginados y desconfiados por sus propios amos políticos, mientras que, desde Beijing, los profesionales de la política exterior de China están siendo educados para priorizar la retórica nacionalista sobre la negociación sutil.

Luego está el advenimiento de las redes sociales y el ciclo de noticias de 24 horas, donde los días de la negociación discreta están llegando rápidamente a su fin en medio de los tweets de presión y otros fragmentos de audio del compromiso político moderno, pero no todo es negativo, por supuesto, pero muchos estudiantes líderes de la diplomacia se preocupan por el futuro.

Las estrategias de supervivencia de los estados se basan en acumular poder y formar alianzas contra cualquier estado que amenace con alterar el equilibrio de poder establecido, el juego, por lo tanto, se llama política de poder, y es un juego de suma cero, pues, la ganancia de un estado significa la pérdida de otro, además, en condiciones de escasez y anarquía internacional, la moral se considera la locura de un estadista.

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Las instituciones multilaterales deben ser más representativas para que todos los Estados miembros sientan que constituyen un foro eficaz en el que pueden actuar en pro de sus intereses dentro de un ambiente de cooperación.

La anarquía y la predominancia del yo en las relaciones internacionales no es diplomacia

No se considera descabellado pensar que la moral y la paz sean posibles sin una autoridad central global justa o una hegemonía benévola, debido a los poderosos e innatos instintos de supervivencia y los estímulos de conducta, que a lo largo de los siglos los filósofos han reconocido, porque es necesario algún tipo de autoridad central para prevenir y arbitrar los conflictos y garantizar la justicia, la seguridad, la paz y la prosperidad.

Los Estados Unidos, manejan una desconfianza en la pericia diplomática y cuando James D Melville renunció al servicio diplomático norteamericano a fines de junio, lo hizo en protesta, pues el embajador de Estados Unidos en Estonia, un diplomático de carrera, dijo que no podía apoyar el lenguaje y las acciones empleadas por Donald Trump contra sus aliados europeos y es que la renuncia de Melville causó un pequeño error en los medios, pero fue un gran símbolo del extraordinario cambio en marcha en las filas del departamento de estado de Washington.

De acuerdo con Mónica Duffy Toft de Tuft University, más del 62% de los nombramientos de embajadores son ahora políticos, con diplomáticos de carrera dejados de lado, «Muchos diplomáticos de carrera en los niveles superiores están renunciando», explica Duffy Toft, lo que » es preocupante. Los de nivel medio están buscando a tientas, y luego los jóvenes no van a entrar porque están viendo a este departamento de estado denudado, no están seguros de que van a tener gran carrera que tuvieron sus predecesores».

En una visión realista del mundo, la naturaleza humana está gobernada por el miedo, la reputación y el interés personal, con muy poco espacio asignado al libre albedrío y, por lo tanto, a la capacidad de cambiar la propia naturaleza, se piensa que cualquier conducta moral que pueda exhibirse es resultado del interés personal, no del altruismo, puesto que el estado se considera la unidad política más importante, estas características se transponen a nivel del estado y se piensa que los estados se preocupan, ante todo, por su propia supervivencia, que pretenden asegurar a través del acopio de poder.

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El paradigma realista presupone que los estados persiguen sus propios intereses materiales dentro de un sistema internacional anárquico.

Y entonces ¿cómo se ve el futuro de la diplomacia? Cada vez más, las relaciones internacionales son muy personales y asertivas, Duffy Toft dice que la priorización de personas ajenas a los diplomáticos de carrera refleja la desconfianza de la administración Trump en la experiencia del servicio público, pero también dice que demuestra una tendencia de larga data en los Estados Unidos de valorar el poderío militar antes de la proeza diplomática.

«La diplomacia cinética es esta idea de la diplomacia por la fuerza armada, donde los operadores especiales se convierten en la cara de Estados Unidos», afirma Duffy Toft, «Ellos son los que intentan hacer que otros países hagan lo que queremos que hagan».

Puesto que los estados se consideran los principales agentes de la política internacional, y se supone que son egoístas racionales, se piensa que los valores morales pertenecen exclusivamente a la esfera doméstica. Los intereses propios de los estados niegan el acuerdo sobre los principios morales universales.

Del mismo modo, se cree que los acuerdos de cooperación entre ellos solo sobreviven mientras los estos los perciben como algo que favorece sus propios intereses, y que las instituciones multilaterales existen dependiendo del capricho de los intereses de las grandes potencias.

Al igual que norteamérica, el cuerpo diplomático de China también está experimentando un cambio significativo, y es que oficialmente, el gobierno de Xi Jinping habla de relaciones internacionales armoniosas, pero Merridan Varrall del Instituto Lowy dice que hay señales preocupantes para el futuro.

Varrall, anuncia una nueva generación de diplomáticos chinos se enseña a ser hipernacionalista, dice, e identificar los intereses del partido comunista chino gobernante con los de la nación, «Las implicaciones son para tiempos bastante difíciles por delante en las negociaciones diplomáticas y las discusiones diplomáticas», afirma, advirtiendo a los cuadros de asuntos exteriores que están siendo ensalzados para adoptar un enfoque de «nosotros contra ellos» para el mundo exterior.

Varrall, es directora del programa de Asia Oriental, pasó ocho años en China, durante la cual fue profesora en la universidad de asuntos exteriores de China en Beijing, y asevera que la política exterior china se centra en cuatro ideas claves, Que China tiene un destino histórico para ser una gran potencia global; Que su asertividad es apropiada dadas las humillaciones pasadas de los poderes coloniales occidentales; Que el papel natural de China en Asia es el de una figura paterna «benevolente, pero estricta»; Y que todos los países tienen ciertas características inmutables, donde los chinos son pacíficos, por ejemplo, mientras que los japoneses son siempre agresivos y los estadounidenses son inevitablemente imperialistas.

«Si alguien está tan resuelto en sus puntos de vista y tan decidido a que son correctos y no están dispuestos a comprometerse, va a ser muy difícil avanzar de una manera que sea mutuamente aceptable», deduce la Dra. Varrall, y, dice, eso es en última instancia contraproducente para la propia China, pues, «si estás casado con estas ideas sobre cómo te ven los demás, y estás interpretando todo lo que hacen y dicen a través de ese objetivo en particular, será difícil ser tan hábil y receptivo como necesites», concluye.

La política de alto nivel no es necesariamente el enfoque más eficaz de la política mundial, es más, los acontecimientos en una región del mundo pueden tener un impacto casi inmediato en otra debido a la rapidez y disponibilidad de los flujos de información y hacer frente a los peligros planteados por los agentes no estatales requiere la cooperación con otros estados y una gama diferente de “herramientas de seguridad”, pues no solo los medios militares, lo que es una tendencia reciente muy notable y que ha ido en aumento, lo que la Profesora Duffy Toft llama «diplomacia personalizada», siendo Trump quizás el mejor ejemplo y exponente.

Desde sus cumbres individuales con Kim Jong-un y Vladimir Putin hasta sus ataques abiertos contra la OTAN y los aliados europeos de Estados Unidos, los críticos dicen que la política exterior estadounidense está siendo dirigida cada vez más por su capricho personal, lo mismo podría decirse de otros líderes mundiales «democráticos» como Rodrigo Duterte en Filipinas o el turco Recep Tayyip Erdogan, ambos, como Trump, afirman tener una conexión personal con su gente a través de las redes sociales.

Philip Seib de la Universidad del Sur de California, afirma que, «si despoja a su establecimiento de política exterior de las personas que son competentes para diseñar y construir esa base, eventualmente colapsará», esto, arriesga convertir las relaciones internacionales en un deporte de espectadores, por lo que «existe la expectativa de que todo se muestre en Twitter o todo se muestre en YouTube», dice el profesor Seib.

«Creo que es importante no entusiasmarse demasiado con las maravillas de las nuevas herramientas de comunicación, pues hasta cierto punto, complican los procesos de diplomacia, si bien los tiranos y sus propagandistas han utilizado durante mucho tiempo la hipérbole y los insultos personales para tratar de salirse con la suya, hasta hace poco era raro escuchar a un líder democrático participar en semejante retórica, pero Trump insulta tanto a amigos como a enemigos, recientemente ridiculizando a su homólogo canadiense como «deshonesto y débil» y etiquetando a México como un país de «violadores».

Dado que la seguridad y prosperidad dependen en gran medida de las relaciones de cooperación con otros estados, no podemos dar por sentado que las relaciones entre estos se rigen necesaria y principalmente por la competencia, pues la creciente interdependencia significa que las ganancias absolutas son posibles y que la política mundial no debería ser a priori de suma cero, lo que implica que aunque un estado posea un grado de poder desproporcionado, es posible que otros no formen alianzas contra él.

De hecho, en el mundo actual, es mucho más probable que se aliaran con el estado más poderoso si ese poder consistiera principalmente en otras capacidades distintas al poder militar y es que hay una tendencia a tratar de atender a esa audiencia, a ser más político que diplomático, mientras que para los líderes políticos, bien pueden estar en el escenario global, pero la audiencia que realmente están tratando de impresionar es la que los elige, por lo que muchos diplomáticos de alto rango usan habitualmente coloridas diatribas, como es el caso de la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley y el secretario de estado Mike Pompeo, e inclusive el mismo Trump o Vladimir Putin.

Gran parte de los desafíos de la política exterior que deben encarar los estados en la actualidad son resultado de la aparición de normas que desafían las estrechas concepciones tradicionales de la soberanía de éste, como por ejemplo las que se centran en el individuo como asunto de seguridad, además, de que el poder relativo sigue siendo una preocupación para todos, el contexto en el que se actúa en este momento requiere cooperación y un considerable grado de distribución de la carga, por lo que, en este siglo XXI, encontrar el equilibrio adecuado entre la unidad pacífica y el respeto por las diferencias culturales es un gran desafío para la diplomacia.

Fuente
Open Mind

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