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Colombia estrena presidente

Iván Duque, asume la presidencia de la Casa de Nariño y promete, promete y promete.

Durante la tarde de este martes, en una sesión de un congreso colombiano, que por primera vez ha contado con exguerrilleros de las FARC, se posesionó el presidente electo de Colombia Iván Duque y su vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, durante en una ceremonia realizada en la plaza de Bolívar de Bogotá, que agrupó a 10 jefes de estado y delegaciones de 17 otros países, Duque es el presidente electo más joven de Colombia y al asumir su cargo, prometió «hacer correcciones» a un acuerdo de paz con los rebeldes izquierdistas que ha dividido al país y tomar medidas enérgicas contra los grupos armados que todavía deambulan por el campo.

Iván Duque, es conocido como el ahijado o protegido de 42 años de un poderoso ex presidente de derecha, que ahora se enfrenta a la tarea de implementar el acuerdo histórico con las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia, FARC que puso fin a un sangriento conflicto de medio siglo, pero que sigue en un terreno inestable, pero también tendrá que lidiar con la floreciente producción de coca y cocaína que ha tensado las relaciones con Washington, su aliado clave y negociar la paz con un ejército guerrillero conservador.

Duque en su discurso de inauguración a más de una docena de jefes de estado, manifestó que, «ha llegado el momento de que todos nos unamos para luchar contra los grupos ilegales», y promete endurecerse contra el crimen, grupos de narcotráfico y otros grupos armados y rebeldes.

El novel habitante de la Casa de Nariño, afirmó que creía en «la desmovilización, el desarme y la reinserción de la base guerrillera» en la sociedad en virtud del acuerdo con las FARC, aunque agregó que «haremos correcciones para asegurar que las víctimas reciban la verdad, la justicia proporcional, las reparaciones y no una repetición», después de un conflicto que dejó al menos 260 mil muertos, unos 60 mil desaparecidos y millones desplazados.

En otro guiño a los conservadores que han exigido condiciones de negociación más estrictas con los grupos rebeldes, Duque aseveró que presionará por una reforma constitucional que haga imposible que el gobierno otorgue amnistía a las personas que han estado involucradas en el tráfico de drogas y los secuestros.

Iván Duque, presidente de Colombia..
Duque, «La paz es posible con legalidad. Corregir el pasado implica una gran apuesta por la legalidad para que el matrimonio de seguridad y justicia se traduzca en el imperio de la ley”.

Duque tiene muchos retos que afrontar sobre la pacificación de Colombia

El recién presidente neogranadino, tendrá que liderar las negociaciones de paz con el ejército de liberación nacional, ELN, un grupo guerrillero de unos 2 mil combatientes que iniciaron conversaciones con el predecesor de Duque, Juan Manuel Santos, pero Duque, afirmó que las conversaciones con el ELN dependerán de si el grupo cesa sus ataques contra el ejército colombiano y acepta el monitoreo internacional, por lo que agregó, «tenemos que construir una cultura que respete el estado de derecho», mientras hablaba en un gran escenario azul en la plaza pública más grande de Bogotá.

Los detractores de Duque temen que será poco más que un títere para Álvaro Uribe, el ex presidente que encabezó una derrota del referéndum sobre la versión inicial de un acuerdo de paz con los rebeldes de las FARC, el mismo Uribe todavía cuenta con el respaldo de millones de colombianos, aunque tal vez sea detestado igualmente por legiones que denuncian abusos contra los derechos humanos durante su administración.

El martes, horas antes de la ceremonia de inauguración, miles de personas se reunieron en las plazas públicas de Bogotá y en una docena más de ciudades en Colombia para expresar su oposición a Duque, durante las manifestaciones, los indignados portaban banderas blancas y carteles que pedían la preservación del acuerdo de paz, Iván Cepeda, un senador opositor al gobierno, mencionó que, «estamos listos para el diálogo», Cepeda es uno de los críticos más feroces contra Duque y Uribe, «pero también estamos listos para movilizar y ejercer nuestra oposición si promulga políticas que limiten los derechos de las personas».

Y es que Duque está asumiendo el cargo como una avalancha de ataques, por los asesinatos de activistas sociales, pero ha subrayado que la paz sigue siendo un término relativo, el lunes de esta semana, una bomba estalló afuera de una estación de policía en la provincia occidental de Cauca, hecho que se le adjudicó al ELN, que es el grupo guerrillero más pequeño que todavía está en conversaciones de paz, de quien se presume, secuestró la semana pasada a tres policías y un soldado en un ataque que destacó la lucha del gobierno para llevar la ley y el orden a las zonas más remotas de Colombia.

«Si Duque no es capaz de resolver este problema y encontrar la forma de llevar el estado al campo, vamos a seguir teniendo los mismos problemas que hemos tenido durante décadas», explicó Jorge Gallego, profesor de la universidad del Rosario en Colombia, pero el nuevo presidente ha prometido una línea más dura contra el tráfico de drogas que incluye traer de vuelta la fumigación aérea de cultivos de coca, una política que fue detenida por la administración de Santos hace tres años por preocupaciones de salud, pero que cuenta con el respaldo del gobierno de los Estados Unidos.

La producción de cocaína se ha duplicado en Colombia en los últimos dos años, según estimaciones del gobierno estadounidense, muchos atribuyen el acenso de Duque, que ha experimentado una rápida transformación de tecnócrata desconocido a presidente de la segunda nación más poblada de América del Sur, por gran parte al apoyo de Uribe, pero también al de Washington.

Sólo hace apenas cuatro años, Duque era un suburbano de Washington que trabajaba en un banco de desarrollo internacional, y fue allí donde desarrolló estrechos vínculos con Uribe, ayudando al ex presidente cuando impartía un curso en la universidad de Georgetown, en 2014, Uribe empujó a Duque al centro de atención política cuando lo alentó a volver a Colombia para postularse para un escaño en el senado y lo colocó en una lista de candidatos recién llegados que instó a su multitud de simpatizantes a elegir.

Dentro del partido conservador del centro democrático de Uribe, la reputación de Duque como una voz más moderada a veces puede ponerlo en desacuerdo con la facción de extrema derecha, pero el apoyo de Uribe se considera crucial para que Duque pueda gobernar con el respaldo total de su partido, porque necesitará construir una alianza más amplia para aprobar leyes dentro del congreso del país cafetero.

En las semanas posteriores a su fácil victoria sobre el ex guerrillero izquierdista Gustavo Petro, Duque ha señalado tanto su lealtad a Uribe como su convicción de trazar su propio camino, si bien muchos de sus selecciones del gabinete tienen vínculos con Uribe, también hay un número sin vínculos con un partido político tradicional, «hasta ahora creo que ha demostrado más independencia de la que algunos sectores creían», aseveró Gallego, pero «tratar a Duque como un títere de Uribe es una forma muy simplista de analizar las cosas».

Fuente
Infobae

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