Un agradecimiento pendiente.
Hoy NVIDIA es la empresa más valiosa del mundo, con una capitalización superior a los 5 billones de dólares, pero sus inicios fueron complicados. En 1995, la compañía estuvo al borde de la quiebra tras apostar por una tecnología equivocada: el chip NV1, basado en superficies curvas en lugar de triángulos, justo cuando Microsoft imponía DirectX como estándar.
En ese momento crítico, Sega se convirtió en su salvavidas. Jensen Huang viajó a Japón y convenció al entonces presidente Irimajiri Shōichirō de transformar un pago pendiente en una inversión de capital. Fueron 5 millones de dólares que dieron a NVIDIA seis meses de oxígeno para reinventarse.
El giro decisivo.
Con ese margen, NVIDIA desarrolló el RIVA 128, lanzado en 1997, que vendió un millón de unidades en apenas cuatro meses. Poco después llegó la GeForce 256, la primera GPU moderna. En 1999 la compañía salió a bolsa y Sega vendió sus acciones por 15 millones de dólares, triplicando su inversión inicial.
El reconocimiento.
Treinta años después, Huang regresó a Japón para agradecer públicamente a Sega y a figuras como Yu Suzuki, creador de Virtua Fighter, cuyo trabajo pionero en 3D fue clave para el desarrollo de los gráficos en PC. “Si no fuera por lo que Sega hizo por NVIDIA, NVIDIA no estaría aquí”, afirmó.
La ironía del tiempo.
Aunque Sega multiplicó su inversión, Huang recordó que si la compañía hubiera mantenido sus acciones, hoy valdrían cerca de un billón de dólares. Una decisión que parecía lógica en su momento, pero que con la perspectiva actual muestra el enorme impacto de aquel apoyo inicial.