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Euro Digital 2026: la ley que transformará los pagos en Europa y reducirá la dependencia de EE. UU.

Un cambio estructural en los pagos europeos.
La Unión Europea se prepara para aprobar en 2026 una legislación que marcará un antes y un después en el sistema de pagos. El Euro Digital no busca ser una nueva aplicación ni competir en experiencia de usuario, sino establecer una infraestructura pública que devuelva al Banco Central Europeo (BCE) el control sobre las transacciones.

Menos dependencia de actores externos.
Hasta ahora, gran parte de los pagos digitales en Europa dependían de redes privadas estadounidenses como Google Pay, Apple Pay, Visa y Mastercard. La nueva normativa no los expulsa, pero sí les quita su papel central: dejarán de ser imprescindibles y pasarán a integrarse como capas adicionales de conveniencia y seguridad, mientras la base del sistema será pública y europea.

Cómo funcionará el Euro Digital.
El modelo planteado por el BCE será de distribución indirecta: bancos y proveedores de servicios actuarán como intermediarios, pero sin control sobre el dinero. La infraestructura pública permitirá pagos online y offline, entre particulares y comercios, garantizando interoperabilidad y evitando bloqueos o sobrecostes artificiales.

Impacto en Visa y Mastercard.
Las redes de tarjetas seguirán siendo relevantes para pagos internacionales y servicios financieros, pero perderán protagonismo en las operaciones domésticas en euros. El Euro Digital creará un rail paneuropeo de bajo coste, reduciendo comisiones y dando más autonomía a pequeños comercios y consumidores.

Comisiones y soberanía financiera.
La UE no obligará a usar el Euro Digital, pero sí evitará que se penalice frente a sistemas privados. Si resulta más barato y universal, el mercado impulsará su adopción. En esencia, Europa busca recuperar soberanía financiera y tecnológica, reduciendo la salida de dinero hacia infraestructuras externas.

Lo que está en juego.
El debate no es si Google Pay, Apple Pay, Visa o Mastercard desaparecerán —seguirán operando—, sino cuánto poder conservarán cuando el dinero digital europeo deje de depender de ellos. El verdadero reto será cómo reaccionen Estados Unidos y las grandes tecnológicas ante un sistema que devuelve el control al BCE.

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