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Madres desencantadas con la maternidad

La cuarta parte de las mujeres están decepcionadas con la experiencia del embarazo

En 2015 la socióloga israelí Orna Donath, rompió el paradigma de la maternidad idealizada, en su estudio, Donath,  reveló que muchas madres, no estarían dispuestas a quedar embarazadas si tuviesen una segunda oportunidad, a partir de ese momento se han emprendido un debate universal sobre la maternidad y actualmente se revelaron nuevos datos, que afirmaron que un 9% de las madres están “arrepentidas”, un 18% están “desengañadas”, lo que significa que aunque tendrían más hijos, esto no las haría felices.

Y es que muchas madres no han tenido una experiencia satisfactoria con el embarazo y su posterior crianza, esto tiene muchas vertientes, entre las que encontramos que la materia gris de las gestantes se reduce en áreas relacionadas con la empatía, algo que los especialistas denominan “poda adaptativa”, para optimizaría ciertas funciones, como la interpretación de los estados mentales del hijo o anticipar potenciales amenazas, estos cambios, afectan la cognosis y su relación con su entorno.

Esta cuarta parte de las mujeres que han sido madres y no están felices con la experiencia de la maternidad, está directamente ligada con que la felicidad media de las mujeres que no tienen hijos es de 7,7%, explicó Laura Sagnier en «Las mujeres hoy», ya que la presencia de hijos en la vida de la pareja, disminuye casi en un punto en la felicidad de las mujeres con respecto a su compañero.

Madres desencantadas.
Tras los hijos, son las relaciones con los nietos, los amigos y la madre las que más se valoran, más que con la pareja.

No todas las mujeres quieren vivir como lo hicieron sus madres

«De los resultados del estudio me sorprendió que hay mujeres felices, también jóvenes, solo siendo amas de casa y otras que no necesitan tener hijos para serlo», afirma la economista y añade «por tanto, no se puede generalizar, no todas las mujeres queremos vivir de la misma manera», afirma y señala que «a las jóvenes hay que decirles que no tienen que seguir el mismo camino que su madre», puesto que en la pareja el aspecto de la maternidad, tiene la máxima capacidad de influir, sea en positiva o negativamente en la felicidad común.

Los dos hechos, el de la disminución de la materia gris, asociada al embarazo y la propensión a la infelicidad en la pareja, posterior al embarazo, dan razones a los investigadores a plantear una conexión entre la hormonas, cambios físicos, cambios sociales y cambios funcionales, durante el embarazo.

Este es un mecanismo adaptativo para que el pequeño tenga todas las de ganar, a pesar de cargarse la relación de sus padres en el proceso, «los cambios en el cerebro afectan a áreas asociadas con funciones necesarias para gestionar los retos de la maternidad», explica Erika Barba, de la universidad autónoma de Barcelona, ya que los cambios inoculaos por el feto en la psiquis de la madre, permanecen inalterados al menos por dos años después del parto.

También se determinó que hay un 18% de mujeres desilusionadas con la maternidad y un 9% de absolutamente arrepentidas, las mujeres que no quieren tener hijos son casi el doble de las más jóvenes, ya que el estudio prevé que el 17% de la muestra tienen entre 18 a 26 años y el 9% más de 50.

Otra de la prerrogativa sobre la causa de la insatisfacción causada por el embarazo, radica en el hecho de que, una de cada cinco mujeres con experiencia laboral previa a la gestación, coloca a su familia frente a su trabajo y el 60% de ellas, abandona voluntariamente el mercado laboral y el 40% disminuyó su interés en el mercado laboral y sus metas particulares, aunque no lo abandonó.

En promedio las madres se ocupan, en un 76% de las tareas relativas al cuidado y educación de sus hijos y en promedio la mayoría de las mujeres, creen que es más importante la frecuencia con la que mantienen relaciones sexuales con su pareja que el número de veces en que ella llega el orgasmo, lo que causa una contravención de la norma masculina por la cual el orgasmo es más importante que la relación sexual.

Fuente
La Vanguardia

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