EE.UU.Política

Los traumas de Trump

El momento en que Donald Trump fue separado de su familia

La telenovela que se ha desarrollado a enorme escala en la frontera de Estados Unidos con México ya tiene tintes de psicodrama, las políticas emprendidas por el gobierno del presidente Donald Trump, que implican la separación de niños inmigrantes de sus padres y encerrar a los menores bajo custodia en instalaciones parecidas a cárceles o perreras, ha causado un revuelo mundial y el rechazo de todos los entes internacionales y locales dentro de la federación norteamericana.

Lo que funcionarios y voceros del gobierno declaran como un régimen de «tolerancia cero» hacia quienes violan las leyes del país entrando ilegalmente por la frontera, se trata de una reproducción de los traumas vividos en carne propia por el mismo Donald Trump durante su infancia y una tentativa fehaciente y anecdótica de que una actitud abusiva en contra de los niños si pasa de una generación a otra, dejando secuelas en todas.

Los estudios sobre el abuso infantil intergeneracional no son concluyentes, aunque en muchos casos se ha demostrado que los pequeños a los que se les trató con violencia y falta de afecto en una temprana edad, son portadores de una conducta antisocial y son más propensos a degenerar en adultos con las mismas propensiones a ser abusivos.

Donald Trump
El momento decisivo en la infancia de Donald Trump se produjo a los 13 años, cuando fue arrancado de su casa familiar y enviado a una escuela militar.

¿Y qué culpa tienen los niños?

Se ha conocido que hubo un momento fundamental en la infancia de Donald Trump a los 13 años de edad, cuando para ser enviado a la academia militar, fue separado de la casa familiar y en donde sumariamente, como comentaron algunos de sus compañeros de clase, los menores eran abusados de palabra y golpeados por adultos y mantenían una actitud beligerante entre ellos.

A pesar de su trauma infantil, el presidente Trump, consideró que las separaciones de familias disuadirían a los inmigrantes indocumentados de seguirse desplazando hacia la frontera estadounidense con México, pero como se ha podido apreciar en informes emanados por la casa blanca y de la cancillería, ese no ha sido el caso, en ningún caso.

Para quienes vean las imágenes de los niños detenidos en las jaulas y de los agentes fronterizos separando a los menores de sus padres y que no conocen la relación del presidente Trump con su pasado, es difícil reconocer una crueldad similar, para los que ya conocen la difícil relación que ha tenido el mandatario con estos asuntos en su infancia pueden reconocen una expresión de mezquindad más general.

La presidenta del American College of Physicians, Ana María Lopez ha afirmado que «El efecto de este tipo de hechos seguirá a estos niños hasta la edad adulta y toda su vida», certificó.

De entre las voces que se opusieron a la medida emprendida por la Casa Blanca en relación con el tratamiento a los migrantes, que casi en todas partes del mundo se ha comparado con los campos de exterminio Nasi, se unieron las de la ex primera dama Laura Bush que expresó apesadumbrada «… esta política de tolerancia cero es cruel. Es inmoral. Y me rompe el corazón», afirmó y la de la luchadora social Oprah Winfrey que declaró, “Bebés siendo arrancados de sus padres. No puedo soportarlo», manifestó.

Muchos han manifestado que, si las acciones de Trump no guardan relación alguna con la manera en la que el mandatario fue tratado en su infancia las medidas que han adoptado el departamento de estado y en las que se ha implicado a Jeff Sessions, el secretario de Justicia, implican de manera particular la extremada falta de empatía que se espera de un líder, sobre todo de uno norteamericano, que es una nación con profundas raíces religiosas y de enaltecimiento de las familias.

Hacia dentro de la nación se está gestando un movimiento que afecta a todo el que de una manera este tocado por la migración y en un país como los Estados Unidos, ese es el mayor caso de todos, la crueldad aplicada como medida de protección solo puede desencadenar en la radicalización de los iguales a las víctimas y de otros los espectadores e inspirarlos a defenderse, lo que podría conllevar a producir células anarquistas de entre los propios ciudadanos norteamericanos.

El planteamiento es que la medida esta creando una herida en el decoro de los ciudadanos estadounidenses que, a pesar de todo, siempre quieren creer que su nación personifica algo mejor, pues no se puede vivir con una doble mora en la que convivan la Libertad y los niños encarcelados.

Por lo que el dolor creado por la política de la tolerancia cero, trastorna a los norteamericanos sensibles, que sí los hay, ya que el abuso infligido en nuestro nombre, no tiene sitio en sus corazones, por lo que han increpado al presidente a recapacitar sobre sus decisiones y a derogar la medida.

Supimos al cierre de esta edición que la medida habría quedado abolida, esta tarde por el mismo Trump, que se vio acorralado y señalado desde todos lados y que espetó a sus asesores un “arréglenlo”, que ha excluido la medida, esperemos entonces que los pequeños puedan ser retornados al cuidado de sus padres y que el gobierno acuerde medidas más humanas y menos traumáticas para el tratamiento de los migrantes que piden asilo en la tan mentada tierra de la libertad y la justicia.

Fuente
CNN

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba
Translate »
error: