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El informante Digital

Stonehenge y la teoría de la “calculadora astronómica” que dividió a la arqueología

Stonehenge y la teoría de la “calculadora astronómica” que dividió a la arqueología

La hipótesis de Gerald Hawkins.
En 1965, el astrónomo Gerald Hawkins sorprendió al mundo académico al proponer que Stonehenge era una especie de computadora prehistórica capaz de predecir eclipses. Su investigación, publicada en Nature y luego en el libro Stonehenge Decoded, utilizó una computadora IBM para analizar las alineaciones del monumento. El resultado: 32 coincidencias con posiciones solares y lunares durante solsticios y equinoccios.

Los hoyos de Aubrey y los eclipses.
El punto más polémico fue su interpretación de los 56 hoyos de Aubrey, que rodean el círculo interior. Hawkins sostuvo que representaban ciclos lunares de 18,6 años y que, con marcadores móviles, podían anticipar eclipses. El astrónomo Fred Hoyle refinó la idea en 1977, proponiendo un sistema con cuatro marcadores que garantizaban la predicción de estos fenómenos.

La arqueología moderna cambia el relato.
Investigaciones posteriores, como el Proyecto Riverside dirigido por Mike Parker Pearson, demostraron que Stonehenge fue principalmente un cementerio monumental. Excavaciones revelaron restos humanos en los hoyos de Aubrey y pruebas de que el sitio se construyó en varias fases entre 3000 y 1600 a.C., lo que contradice la visión de Hawkins de un diseño único y funcional.

Un monumento ritual, no instrumental.
Para arqueólogos actuales como Clive Ruggles, las alineaciones astronómicas de Stonehenge tienen un carácter simbólico y ritual, no científico. El monumento celebraba los ciclos solares y lunares como parte de un calendario ceremonial, especialmente el solsticio de invierno, asociado a la transición entre la vida y la muerte.