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50 años de la terrible masacre de Tlatelolco

Hoy, hace 50 años ciudad de México se llenó de impunidad y silencio

El 2 de octubre de 1968, 10 días antes de los juegos olímpicos en la ciudad de México, las fuerzas gubernamentales abrieron fuego contra una protesta estudiantil en la plaza Tlatelolco de la capital y aunque fuentes oficiales en esa fecha declararon que el número de muertos se contaba en docenas, testigos y los mismos estudiantes afirmaron que cientos murieron en lo que se conoce como la masacre de Tlatelolco, el movimiento estudiantil mexicano surgió tan repentinamente en el verano de 1968 que pareció sorprender incluso a sus seguidores.

Las protestas comenzaron cuando la ciudad de México se preparaba para albergar los juegos olímpicos de octubre, un evento destinado a mostrar una nación moderna con una clase media en crecimiento en la vanguardia de las economías emergentes, al salir a las calles apenas unos meses antes de la inauguración de los juegos, los estudiantes rompieron esa apariencia, revelando el enojo latente de una generación contra el gobierno represivo del país mientras el mundo observaba.

Diez semanas después de las primeras protestas callejeras, el gobierno aplastó el movimiento en un espasmo de violencia más allá de los peores temores de nadie, el 2 de octubre, los estudiantes que se habían juntado en una plaza para una reunión vespertina fueron detenidos por francotiradores del gobierno encaramados en los tejados y el caos estalló, los soldados en el borde de la plaza, cuya misión era dispersar a la multitud, comenzaron a dispararles.

Cuando terminó la carnicería, decenas de muertos y cientos fueron empujados en camionetas, muchas de ellas para ser juzgados y encarcelados, y tan sólo doce días después, el presidente Gustavo Díaz Ordaz inauguró los juegos olímpicos, la masacre en Tlatelolco, llamada así por el vasto desarrollo de viviendas donde se reunían los estudiantes, diezmó el movimiento estudiantil hace 50 años.

Masacre en Tlatelolco.
Vincular la masacre de Tlatelolco con la desaparición de 43 estudiantes en Guerrero, te deja la pregunta: ¿cuánto ha cambiado realmente el país en los años intermedios?

Muchas excusas fueron dadas, pero nada se ha resuelto

Pero para aquellos que lo experimentaron, esas semanas iniciales emocionantes marcaron la primera vez que un movimiento de masas confrontó el control autoritario ejercido por el estado de partido único de México, Tlatelolco rompió el trato que el gobierno impuso a los mexicanos, la aquiescencia política a cambio de la estabilidad y también dio lugar a una ola de activistas decididos a buscar nuevos caminos de resistencia.

Desde allí, unos pocos tomaron las armas en los movimientos guerrilleros y muchos más se dedicaron a la organización social, y se extendieron a los barrios empobrecidos de las ciudades y las aldeas de las montañas olvidadas, «la estabilidad política de México se rompió y surgieron 100, 200, diferentes movimientos políticos juveniles que se extendieron por todo el país», recuerda Gilberto Guevara Niebla, uno de los líderes y cronistas del movimiento, «México nunca volvió a ser el mismo México».

El manifiesto de los estudiantes abarcaba derechos y libertades fundamentales: libertad de expresión, el cese de la violencia estatal, la rendición de cuentas por los abusos policiales y militares, la liberación de presos políticos y el inicio de un diálogo con el gobierno, por lo que el poder explosivo del movimiento radica precisamente en la naturaleza de sus demandas, comenta Sergio Aguayo, profesor del colegio de México que participó en el movimiento y ha escrito extensamente sobre la masacre.

«Era una agenda que podría ser adoptada por todos los sectores de la sociedad mexicana: izquierda, centro, derecha», agrega, cincuenta años después, la ciudad está reviviendo esas semanas con exhibiciones, conferencias y marchas repartidas por las mismas calles y campus donde los soldados luchaban contra los estudiantes, muchas personas citan 1968 como punto de partida para la larga transición de México a la democracia.

Esa narrativa ordenada es casi ciertamente una interpretación demasiado simple, pues la democracia mexicana, todavía es un trabajo en progreso, y si ha evolucionado, pero en la rotación de presiones internas y externas, incluso antes de 1968, hubo convulsiones entre los mineros y los trabajadores del ferrocarril, estudiantes y maestros y un movimiento guerrillero rural se estaba formando en las montañas occidentales, pero el ataque a Tlatelolco fue un poderoso símbolo, el aumento de la participación política y social que siguió, y la demanda de un gobierno receptivo, ha perdurado.

Los participantes «comenzaron a crear las instituciones que gradualmente debilitaron los cimientos del autoritarismo», afirma Aguayo, «lo que nos unió fue el deseo de cambiar el régimen pacíficamente de diferentes maneras», siete décadas de gobierno de partido único por el partido pevolucionario institucional, PRI, finalizaron en el año 2000, con la elección de un presidente conservador de la oposición, y en julio, los votantes barrieron el establecimiento político de México y entregaron una victoria presidencial arrolladora a Andrés Manuel López Obrador, quien prometió una administración dedicada a superar las profundas desigualdades de México.

Una cosa no ha cambiado: la masacre de Tlatelolco sigue impune, para muchos mexicanos, la impunidad por ese crimen se hace eco del fracaso del estado para llevar la justicia a muchas otras víctimas de asesinatos y desapariciones, “Tlatelolco se convirtió en un símbolo del deseo colectivo de obtener justicia», acusa Aguayo, en la expresión más aguda de esa impunidad, el asesinato y la desaparición de decenas de miles de mexicanos desde que el gobierno declaró la guerra al crimen organizado en 2006 están sin resolver.

Fuente
Proceso

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